El agro, su crisis y la inercia del gobierno – 99KPH

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De cal y de arena

De nuevo, la ausencia en el sector agrícola de políticas de gobierno coherentes y firmes, realistas y realizables por su contenido, vuelve a agitar las aguas y a enviar señales de advertencia de lo que podría pasar en el evento de una ruptura de los equilibrios relativos que sostienen las relaciones sociales con calma relativa.

El agro vive en crisis. Más que una percepción, es una realidad. No imputable solo a la administración Alvarado Quesada; también resultante de la ausencia de políticas de promoción del sector, una omisión imputable a los gobiernos que desde hace varias décadas pusieron –por fortuna- énfasis y presión a la diversificación de la economía pero –lamentablemente- con olvido del impulso que también merecía  el agro.

Inmerecido vacío en el trato que debe dispensarse al sector que ha sido determinante en el desarrollo del país, innegable a la hora de explicar la estabilidad social y la vitalidad de su economía.

Hoy –quizás igual que ayer- delegados del sector advierten de lo que puede pasar si mañana siguen sin atenderse sus quejas. Que en mucho tienen que ver con el imperio de la prepotencia de una burocracia que no entiende que una cosa es supervisar y otra estorbar, y de que los instrumentos jurídicos y presupuestarios de que dispone tienen como objetivo posibilitar la administración y el cumplimiento de las políticas de gobierno de la mano del productor.

¿Cuáles políticas… si quizás buena parte del problema está en el vacío de unos programas atropelladamente armados en las campañas electorales, donde brillan por su ausencia la estructuración y los mecanismo de gestión de lo que va a hacerse respecto al agro?

¿Cuáles políticas… si quizás el gabinete se integra sin acato de la debida coherencia de pensamientos entre el titular de una cartera y el de otra? Indicio de ello pueden ser los obstáculos y zancadillas con que se cruzan las decisiones de un ministerio y de otro. Eso que el sector agro identifica como “acoso ambiental” que emana de las tiendas del MINAE, más que como una manifestación del celo con que se contempla la necesidad de preservar los atributos de la Naturaleza, como un golpe de autoridad que brota de una errada confusión de lo que es “un no se puede” y lo que es “sí se puede pero de esta forma”. Las ataduras absurdas, por lo demás dañosas, que impiden la innovación de los registros de agroquímicos, ¿no son parte de esa misma ausencia de políticas para con el agro?

Lo lógico es demandar del Presidente de la República una invocación del principio de autoridad, suficiente para poner a buen recaudo la marcha del gobierno hacia un objetivo prometido en campaña. Pero como que el mandatario está ayuno de percibir lo que significa su mandato. O más bien, no gusta de poner orden.

El tiempo se acaba; la capacidad de resistencia también; igual que la paciencia.

Hay una realidad que el presidente Alvarado no debe subestimar: atrás del telón se mueven los hilos de los conspiradores diestros en el aprovechamiento del hartazgo ciudadano para encausarlo hacia la colisión callejera. Aquel pulso del que fue un eslabón la cadena de huelgas del año pasado, no ha terminado.

Si esta administración no atiende debidamente las quejas del agro, su omisión puede ser la llama que encienda otra colisión callejera.

(*) Álvaro Madrigal es Abogado y Periodista